No estabas, pero si, si estabas.
Y la mirada se nos cayó en el vacío y el pánico y el silencio y el ridículo, pasaron por sobre nuestras cabezas mientras la noche se iba mojando cada vez más y se iba haciendo evidente que todo conjugaba para volver a encontrarnos en el hilo invisible que nos sigue enredando.
Todas las veces pasa lo mismo.
La esfera que nos contiene se desangra de pensamientos que talvez no sirvan para nada.
Mis dedos se desangran también, en imágenes y en palabras que tampoco sirven para nada.
Estoy perdiendo el tiempo en un canto informe que se escucha, pero que no cambia nada.
Y tu, y tu, y tu, y tu, y tu, estas aquí y allá y cerca y lejos y arriba y abajo.
Como un dios que actúa.
Como un niño que invoca sus fantasías y le da voz y vida a sus juguetes.
Los que echamos de menos son los que siempre están.
ResponderSuprimirEn el pensamiento claro.
Besos.
Lastima que no en persona verdad?
SuprimirUn niño y un dios a veces son lo mismo, juegan.
ResponderSuprimirbss
Seguro, al niño Jesus lo mato Herodes!
SuprimirCaray Adriana, y es que el destino puede ser muy caprichoso, hay que ser fuerte para sobrevivirle :(
ResponderSuprimirEl destino es malefico
SuprimirComo un niño que vive y no lo sabe.
ResponderSuprimirHaves poesia con tus comentarios Malquerida
SuprimirY lo peor es que siempre siguen estando presentes en nuestras vidas aunque ya no quisiéramos que estuvieran, como tú dices, parecen dioses...
ResponderSuprimirBesitos mágicos ángel
Lo peor o lo mejor? Piensalo...
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