miércoles, 8 de marzo de 2017

miedo

desde la cocina de mi mamá...
el apocalipsis, queda debajo del paraíso


Mañana se cumple un mes de la muerte de mi padre.

Desde que volví de mi visita imprevista a Caracas apenas me he atrevido a escribir que no entiendo. Porque la bomba atómica que fue volver por una semana a mi ciudad natal ha pesado mucho más de lo que esperaba y mis dedos se han negado a transcribir mis emociones sin haberlas al menos, visto desde la distancia que procura el tiempo.

Y la palabra miedo es la que mas ha aparecido en mi recuento silencioso.

Talvez porque es mejor simplemente enumerar lentamente las emociones sin querer tan siquiera ordenarlas. Como quien cuenta un cuento absurdo sin explicar el cómo el cuándo ni el dónde y simplemente deja que la imaginación complete el resto...


Un día temblando subí a un cielo azul como ninguno y mis deseos de respirar un aire fresco se transformaron en gasolina y aire acondicionado sucio. El recuerdo infantil del amor se volvió llanto y agonía, y en el silencio de unos ojos que fueron verdes en mi esperanza y negros en su derrota,  recé para que llegase la muerte y con ella el descanso.

La muerte nos visitó, también cansada, con los últimos colores estridentes de una tarde ruidosa e injusta, y las carreras de fajos de billetes que no valían nada. Su sonrisa de alivio al saberse despegado nos consoló hasta que la noche fría nos recordó del hambre y el sueño y la soledad. Y en esa soledad, amables caballeros, rotos como monigotes de paja, nos depositaron en las burbujas llenas de recuerdos y olor a polvo.

Volví a cantar y a recordar las flores y a los amigos pero el canto era temblor y las flores eran pequeñas y estaban muertas. Igual de muertas que mis ganas de recordar tiempos felices que no existieron y conversaciones bonitas detrás de la puerta del baño. Recé otra vez para que llegase el descanso, pero los recuerdos, como una mano gigante y tibia mantuvieron mi garganta cerrada mientras trataba de encontrar el camino a un hogar que se deshacía como hojas de papel periódico viejas.

La montaña me sonreía sin embargo, y me mostraba que la permanencia es una quimera, mientras las muñecas de porcelana invadían mi cama y dejaban un reguero de pelos muertos y ropa desecha. Y las pesadillas que pensaba que no volvería a ver, se repitieron en cada calle sucia, en cada ojo triste, en cada hambre invisible, en el sempiterno ruido del miedo colmando las risas y las conversaciones blandas. Ladridos de perros muertos de hambre me persiguieron todas las noches, y la señora imposiblemente delgada que vendía los restos de su vida en la calle para poder seguir soñando, se agregó a la cara de tristeza del muchacho con el brazo amputado a orillas de la carretera.

Me arrebataron el aire y volví a ser una niña presa de una ciudad que se encoge segundo a segundo sin que nadie parezca enterarse. Volví a ser testigo del apocalipsis vestido de payaso y quise que un martillo gigante me rompiese el cráneo y se llevase en su furia todo el sufrimiento que palpita entre las piedritas del asfalto.

Mi pecho también recordó que sin xanax no somos nada y un lindo avioncito plateado me depositó después de mi aventura marrón en un aeropuerto relleno de pizza, donde super feliz me tragué media cocacola zero de un sorbo y caminé lentamente hacia mis algodoncitos perfumados en el norte de virginia.

Sana y salva.


14 comentarios:

  1. Lo siento mucho Adriana.
    Un abrazo gigante para ti.

    De lo otro no es momento de comentar ahora.

    Todo mi ánimo.

    Venga, guapa, abrazooooooooooooooooooooooo

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    1. Gracias mi Toro, puedes comentar lo que quieras, porque ya pasó :)

      te quieroooo

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  2. La muerte, cuando se lleva a alguien, arrastra con su largo manto todos los momentos del pasado envolviendo los recuerdos del presente. Tiene la costumbre de levantar esa gran polvareda de recuerdos que se entremezclan; también los recuerdos del futuro, que son esos pasados que hubieran podido ser...

    Pero usted lo explicó mucho más bonito.

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    1. Gracias mi Xindas, es cierto, la muerte arrastra, yo espero poder levantarme :)

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  3. Gracias por compartirlo Adriana. Un abrazo desde esta mi habitación en Alzira, València, España.

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    1. Un placer Noh-Tengu, escribir es siempre una liberación!

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  4. Lo siento mucho Adriana. También a mi me costó mucho tiempo levantarme de la muerte de alguien muy querido. Son esos sentimientos que experimentas ahora lo que te queda. Escribir puede ser liberador, esclarecedor. Descubriste que por algún motivo a permanecido el miedo. Espero que encuentres un destello importante, lleno de significado a través de toda esta experiencia y puedas aterrizar sana y salva.

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    1. siiii, estoy sana y salva, ya no le tengo miedo a las emociones. Las dejo entrar, pasar e irse :)

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  5. Lo siento Adriana.

    Cuando murió mi padre se movieron todos mis cimientos y tuve que volver a situarme en el mundo. Sé de lo que hablas, sólo el tiempo nos ayuda a encontrar una salida a ese túnel oscuro que nos engulle.

    Un beso enorme.

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    1. Iduara, me ha sacudido mucho mas de lo que esperaba...

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  6. Siento leer una noticia asi y comprendo el pánico y el miedo que se genera a partir de ese momento. Mucho ánimo
    Por cierto soy Pérfida
    Un saludo coleguita

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    1. Hola Pérfida, el miedo fue la ciudad, y la gente, lo de mi padre ya lo esperaba...

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  7. Lo único que queda luego de vivir algo semejante es continuar... Volver a empezar, de otro modo la vida se nos pasa.

    Suerte,

    J.

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    1. Claro Jose, uno sigue y se hace más grande :)

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