martes, 23 de agosto de 2011

lugar común

foto cortesía de bd

Ayer escribí un pequeño poema mientras viajaba en el metro.

En uno de esos ejercicios irrefrenables de segregación de palabras. La necesidad incontenible del poeta como diría Rilke. No escribas a menos que sientas que te vas a morir si no lo haces. Jaja, una que todos los días coquetea con la muerte y le saca la lengua y  al ratito le besa los pasos, usa las palabras para no morirse. Porque las palabras o los lápices son las armas con las que se defiende de no querer morirse.

Pero bueno me estoy desviando del tema.

He aquí poemita que escribí.

los segundos no son nuevos
son instantes desordenados
como cajitas de música
sonando todas a la vez
una y otra
y otra vez

Inmediatamente después me asaltó el pánico del lugar común. Oh mi querida Ana Maria del Re. Gracias por protegerme del lugar común, pero ya deja el fastidio, si? Mira que me tuve que inventar las antimetáforas y ni asi me salvo de este pánico.

El terror de parecerse a Ricardo Arjona o a Maná, o a cualquiera de tantos que se recrean y hacen negocio con el lugar común. La cosa es que el vilipendiado lugar común, vende. La poesía de verdad no vende nada porque nadie la entiende. En realidad el lugar común está devaluado tan sólo en la mente de los que nos creemos artistas, que huimos de él como de la peste bubónica o el sida para que no nos contagie. A todos los demás les encanta.

Los artistas de hoy en día, muy al estilo del postromanticismo somos (o creemos ser) unos eruditos que sabemos de todo y no tocamos con las manos esas cochinadas que vienen de los lugares comunes. Y casi siempre hablamos de cosas que nadie más entiende aparte del recucido círculo de eruditos iguales a nosotros. Y mientras menos nos entiendan, pues mejor. Eso quiere decir que somos mejores artistas y hemos tocado ya el olimpo de la sapiencia total.

Pues yo me declaro en rebeldía, para variar. El arte tiene que poder ser otra cosa más cercana a las personas, porque si no lo es, entonces pierde todo el sentido.

Oh señor San Jung, ilumíneme usted, regáleme el entendimiento de la simbología esa que nos maneja a todos para poder volver a decir todas las cosas que ya están dichas, pero decirlas como tan solamente yo puedo decirlas.

Hágame ese favor señor Jung, porque si no digo lo que pienso, yo es que me muero.

14 comentarios:

  1. Nos gustó su poema. El sabor de sus palabras, como si fuera el más común de los sentidos...

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  2. Todo ese asunto del lugar comun, en el ambito de un salon lleno de escritores principiantes (o mas que principiantes), fue demasiado duro e innecesario. Todo el mundo tiene el derecho de explorar lugares comunes, sobre todo si has escrito tan poquito.

    Cuando tome un curso de dibujo basico en la universidad de aqui, la maestra tenia comentarios positivos para todo el mundo, incluso para el dibujo mas mamarracho. Te aseguro que aprendimos mas que si nos hubiera criticado la ordinariez de nuestros dibujos.

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  3. No te preocupes tanto. El narcisismo aunque confunde protege.

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  4. Un lindo poema.

    °,,,
    (."♥(",)\
    ./☆\./♡\.Que tenga muy buen dia.
    _||__ ||_

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  5. Pero si Arjona repite lo mismo una y otra vez pero en diferente forma y tu no lo has hecho así, creo je.

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  6. y para ordenar esos segundos, hay que tener mucha cabeza.

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  7. San Jung te manda una bendición. Beso.

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  8. xindas: común o no común igual no puedo dejar de hacerlo.

    mc: Tu tambien quedaste traumatizada??

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  9. anuar: jajaja buena esa, seguire con mi narcisismo entonces :)

    mary: lo mismo para ti...

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  10. malquerida, es que yo no puedo con ese señor.... será que no existe alguien que le haga el favor y le explique lo que es la higiene personal???

    DDmx: mucha cabeza, y yo no la tengo :)

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  11. emejota: y ademas acabo de descubrir otra cosa que ya mismo me voy a poner a inverstigar :)

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  12. El hermetismo gratuito se desenmascara rápido porque es tedioso y porque un mal poeta no sólo se descubre por lo que dice, sino por cómo construye lo que dice -métrica /ritmo-. Pero hay que ser cuidadoso. La Tierra Baldía de Eliot es de los poemas más difíciles y más impresionantes que he leído nunca, pero quién no le da el justo valor que merece lo desprecia porque no es capaz de establecer los referentes de sus símbolos ni es capaz de hacer el esfuerzo por entenderlo (la edición de Cátedra tiene diez veces más páginas de notas que de poema: las merece).
    Sin embargo, a pesar de excepciones eruditas como Eliot o Joyce o una larga lista, me gustan autores que encuentran la imagen exacta y clara y única. Por ejemplo (entre tantos otros, Nabokov (recuerdo el final de Lolita: "pienso en bisontes y ángeles, en el secreto de los pigmentos perdurables, en los sonetos proféticos, en el refugio del arte. Y ésta es la única inmortalidad que tú y yo podemos compartir, Lolita mía". Genial), o Lawrence Durrell (tan profundo y sencillo en su cuarteto de Alejandría: "No quiero seguir forzando a nadie, no quiero hacer promesas, pensar la vida en términos de pactos, resoluciones, compromisos. Clean interpretará mi silencio según sus propias necesidades y deseos, y vendrá o no vendrá; ella es quién debe decidirlo. ¿Acaso no depende todo de nuestra manera de interpretar el silencio que nos rodea?).
    Bueno, son dos ejemplos en prosa -salvando los posibles problemas de traducción- de la genialidad sencilla, que se resume en lo siguiente, pienso: en tener lo que se llama "una voz", cosa que casi nadie en este mundo logra y que muy pocos -por desgracia- buscan. Sí, supongo que hablas de la voz cuando pides la iluminación de Jung ;).

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  13. Traumatizada no, simplemente pienso que la experiencia pudo ser mas positiva.

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